Introducción
A veces, los cambios más importantes no hacen ruido, pero lo dicen todo. Karolay es una adolescente que ha formado parte de Casa Club durante los últimos dos años. Desde que inició su participación, se caracteriza por ser una joven muy callada, con poca interacción en los espacios grupales y con escasa participación en las actividades.
Aunque compartía con compañeros y compañeras que prácticamente son los mismos del año anterior, le costaba relacionarse con ellos y expresar con libertad sus emociones o ideas. Vive en un barrio ubicado aproximadamente a 5 kilómetros de Casa Club y, a pesar de la distancia, asiste con compromiso y constancia, movilizándose en bicicleta para participar especialmente en los talleres de arte.
Un inicio silencioso
Desde su llegada, Karolay se mostraba reservada y con dificultad para integrarse. Su participación era limitada y su voz apenas se hacía presente en los espacios grupales.
Sin embargo, su constancia hablaba por ella. A pesar de los retos, nunca dejó de asistir y encontró en el arte un espacio donde podía permanecer.
El momento del cambio
Este año, durante el primer taller de arte, fuimos testigos de un cambio muy significativo. Karolay llegó diferente: más participativa, más abierta y con una actitud distinta frente al grupo.
Se integró con sus compañeras, compartió más durante la actividad y se mostró mucho más cercana; incluso, una de sus compañeras expresó con alegría que había llegado “diferente”, destacando que estaba más participativa, que se había relacionado más con ellas y, sobre todo, que se reía más
Un logro que se celebra
Ese momento fue profundamente valioso para todas y todos. Como equipo, decidimos reconocer ese avance de manera especial: la aplaudimos, la felicitamos y celebramos con ella este paso tan importante.
No se trataba solo de participar en un taller, sino de ver cómo, poco a poco, Karolay comenzaba a sentirse más segura, más parte del grupo y más libre de mostrarse tal como es.
Conclusión
Este cambio nos recuerda que los procesos verdaderos requieren tiempo, paciencia y perseverancia. Nos enseña que cuando creemos en las y los adolescentes y les sostenemos con respeto y constancia, ellos también comienzan a creer en sí mismos.
No esperamos transformaciones de un día para otro, porque entendemos que cada proceso tiene su propio ritmo, pero sí celebramos estos cambios silenciosos y profundos, esos que llegan en el tiempo de ellas y ellos, no en el nuestro, esos cambios que, aunque parezcan pequeños, son los que verdaderamente transforman vidas.