En el mes de marzo, gracias a la colaboración entre Secretaría Técnica de la Red de Cuido y World Vision, llevamos a cabo una sesión virtual sobre límites con ternura, un espacio que permitió colocar la importancia de acompañar el cuido y la crianza de las niñas, niños y adolescentes con seguridad y ternura.
Desde World Vision reconocemos el valor que hay en la crianza y la necesidad de las familias con niños, niñas y adolescentes de tener información y sentirse acompañadas en el proceso, por eso estos espacios siguen siendo pertinentes.
Hoy, sabemos que un trato respetuoso, que atienda las necesidades básicas, educativas, afectivas, entre otros, es vital para el desarrollo óptimo de las niñas, niños y adolescentes desde sus primeros años de vida, etapa crucial “de más rápido crecimiento y corresponde a la etapa de la vida en la que se construyen las capacidades cognitivas y socioemocionales de las personas. Estas establecen, en gran medida, las bases del aprendizaje de las habilidades, destrezas y actitudes hacia la vida.”[1]
Por ello, resulta clave acompañar a las familias y personas cuidadoras, ofreciéndoles recursos y herramientas que fortalezcan sus capacidades de crianza, valorando sus experiencias y apoyando su labor en el cuidado y desarrollo de niñas, niño y adolescentes.
Límites ¿para qué?
En la crianza y acompañamiento de los niños, niñas y adolescentes el establecimiento de límites es esencial para su desarrollo.
Los límites son las reglas que elige cada familia para establecer las normas de su hogar, son las líneas que nunca deben cruzarse y nos ayudan a tener una mejor convivencia.
Los límites dan seguridad a las niñas, niños y adolescentes, son factores que protegen, aunque a veces se perciban como actos egoístas o represivos. Entender el alcance de los límites en la vida familiar, sobre todo por parte de mamá, papá o la persona encargada del cuido y la crianza es fundamental.
En este punto, es importante reconocer, en primer lugar, la relevancia y los beneficios de establecer límites en el hogar y, en segundo lugar, cómo ponerlos en práctica. Para ello, se requiere:
- Comunicarse asertivamente: con lenguaje y tono apropiado, con claridad en el mensaje.
- Constancia: reforzar todas las veces que se necesario de manera que no se debilite el establecimiento de los límites.
- Validación de emociones: Reconocer y validar las emociones de su hijo o hija. El mensaje que transmitimos es la empatía.
- Información: el cumplimiento o no cumplimiento de los límites deriva consecuencias, se debe explicar a las niñas, niños y adolescentes que ese límite busca su bienestar.
- Ejemplo: las niñas, niñas y adolescentes observan nuestro comportamiento, nuestro ejemplo habla más que mil palabras, si respetamos los límites que se han acordado en la familia, eso aprenderán.
- Ternura: se pueden establecer límites desde la ternura y el respeto. Hablando con calma y calidez.
Y la ternura ¿cómo la entendemos?
Definimos a la ternura como una experiencia placentera del amor, que humaniza y dignifica a la otra persona:
“Proponemos que la ternura es una cualidad relacional, que se expresa en la forma como interactuamos unos con otros, para buscar el bienestar y el cuidado colectivo y para afirmar la integridad y dignidad de cada persona.”[2]
La ternura se expresa de múltiples maneras y es expansiva, esto quiere decir, que se cultiva desde las relaciones primarias entre madres, padres y personas cuidadoras y las niñas y niños y se extiende a todos los espacios de socialización, desarrollo y participación de la niñez y la adolescencia.
Cada familia y cada persona cuidadora construyen su propia “fórmula de crianza”, explorando qué funciona y qué no en su proceso con niñas, niños y adolescentes. Sin embargo, en toda fórmula hay un componente esencial que no puede faltar: la ternura. Esa ternura que abraza, consuela, perdona, escucha y sostiene, que pone límites sin dañar y orienta sin imponer, convirtiéndose en el hilo que da coherencia y sentido a cada decisión en la crianza.
Cuando la ternura ocupa un lugar central, la crianza deja de ser solo un conjunto de estrategias y se transforma en un vínculo profundo y seguro. Es desde ahí donde niñas, niños y adolescentes aprenden a confiar, a regular sus emociones y a relacionarse con el mundo de forma respetuosa y empática. En este contexto, los límites no se imponen desde el miedo, sino que se construyen con claridad, coherencia y respeto, como una forma de cuidado. Cultivar la ternura en las rela
[1] Consejo Nacional de la Niñez y la Adolescencia (CNNA). (2024). Política Nacional de la Niñez y la Adolescencia 2024–2036 (1.ª ed.) [Recurso electrónico]. Consejo Nacional de la Niñez y la Adolescencia.
[2] World Vision –Oficina Regional para América Latina y el Caribe (s.f) Bálsamo de ternura. Guía de formación. https://2623910.fs1.hubspotusercontent-na1.net/hubfs/2623910/Conexi%C3%B3n%20Ternura-Recursos/CN-Formaci%C3%B3n/Balsamo/Gu%C3%ADa_de_formaci%C3%B3n_T._B%C3%A1lsamo_Final.pdf
